jueves, 6 de junio de 2013

Miedos

   Recuerdo aquel día como si hubiera sido ayer. Por aquel entonces yo tendría unos 12 ó 13 años, y mi vecino Jerry... ¿15? Más o menos. Desde que mi madre y la suya se habían hecho amigas, Jerry había empezado a venir a casa cada vez que ellas salían a algún sitio.
   Aquel día, Jerry me preguntó a qué tenía miedo. Estaba realmente pesado, y se puso aún más cuando me negué a decírselo.
   -Venga Carol -me decía una y otra vez-, si me dices tu miedo, yo te digo el mío.
   -¿Por qué no lo dices tú primero? -le dije yo.
   Jerry se quedó mirándome con los ojos entrecerrados.
   -Me da miedo la oscuridad -me dijo-. ¿Y a ti?
   -Vale, voy a decírtelo porque tú me lo has dicho, y la verdad, pensaba que no lo harías... pero ni se te ocurra contárselo a nadie, ¿eh? Será nuestro secreto.
   -Y me llevaré el secreto a la tumba.
   -Bien -respiré hondo y solté el aire sin prisa antes de hablar. En realidad, no me importaba decírselo, pero era graciosa la cara que ponía mientras esperaba a que yo hablara-. Me da miedo el mar.
   -¿El mar? -dijo decepcionado.
   -¿Qué pasa?
   -No, nada. No me imaginaba que eso te diera miedo.
   -¿Y qué creías que me iba a dar miedo entonces?
   Jerry se encogió de hombros.
   -Ven conmigo -le dije.
   Fui a mi cuarto y bajé la persiana de la única ventana que había allí.
   -¿Qué pasa? -dijo Jerry a mi espalda.
   -Shh.
   Cerré la puerta del cuarto y puse la mano sobre el interruptor.
   -¿Listo? -pregunté sonriendo.
   Vi como se le descomponía la cara cuando vio lo que me disponía a hacer.
   Y apagué la luz.
   No oí ningún ruido, así que avancé hasta chocarme con Jerry, quien gritó por la sorpresa.
   -Jerry, tranquilo, soy yo.
   -¿Por qué haces esto, Caroline? ¿Crees que estaba bromeando antes?
   -Quiero que dejes de tener miedo, Jerry...
   -Enciende la luz, por favor.
   -Jerry, escúchame...
   -Carol, enciende la luz.
   -Calla ya y escúchame.
   -Carol...
   Abracé a Jerry antes de que dijera algo más. No era muy alto, un poco más que yo. Le rodeé el cuello con los brazos y le hablé:
   -Olvida donde estamos, ¿vale? Concéntrate en mi.
   -Pero no puedo verte.
   -Pero puedes hablarme. Cuéntame, ¿cómo te ha ido el día hoy?
   Jerry me rodeó con los brazos y empezó a hablar. Podía notar
sus acelerados latidos, y la agitación con la que respiraba.
   -Pues... me ha costado mucho levantarme esta mañana, estuve estudiando hasta tarde anoche.
   -Sigue, muy bien.
   -El examen de matemáticas, para el que había estado estudiando, me salió bastante bien.
   -¿Sí? Me alegro.
   -Sí, yo también. Aunque el profesor de historia me echó la bronca.
   -¿Por qué?
   -Porque me dormí en su clase -dijo riendo.
   Yo me reí con él. Notaba su aliento en la cara cuando hablaba, pero no me molestaba.
   -¿Porque habías estado estudiando hasta tarde?
   -Sí -y volvió a reír.
  Cada vez le notaba más relajado.
   -Lo estás haciendo muy bien Jerry, sigue contándome.
   -Pues Claire ha vuelto a molestarme hoy.
   -¿Claire? ¿Quién es?
   -¿Celosa?
   -Qué más quisieras tú.
   Jerry volvió a reír antes de hablar.
   -Es una niña que está en un curso menos que yo y no me deja tranquilo. Cada vez que paso al lado de ella y sus amigas por el pasillo se ríen y me señalan.
   -¿Y qué ha hecho hoy para molestarte?
   -Me ha mandado una nota en la que ponía lo guapo que era, firmada por “mi admiradora secreta”.
   -¿En serio? -dije riendo.
   -Totalmente en serio -dijo riendo también-. Es irritante.
   -Vamos, sigue diciéndome.
   -Pues... después del instituto ayudé a mi hermana con los deberes. Y más tarde mi madre me ha dicho que se iba con la tuya y con mi hermana, así que he venido a verte.
   -Ajá.
   -¿Y tú?
   -¿Qué?
   -¿Qué has hecho tú?
   -Se supone que el que debe hablar eres tú, no yo, para distraerte.
   -Bueno, tú me distraes.
   -¿Quieres salir ya?
   -¿Por qué haces eso?
   -¿El qué?
   -Siempre que intento saber algo de ti, o no sé, cuando intento conocerte, llevarme mejor contigo, me rehuyes, rehuyes el tema, y no tengo ni idea de ti cuando yo te lo cuento todo.
   -Jerry...
   -¿Qué?
   -Pero, ¿a que ya no tienes miedo?
   Jerry apoyó su frente en la mía y me apretó contra sí.
   -¿Sabes qué me da aun más miedo que la oscuridad?
   -¿El qué? -le pregunté.
   -Tú.



Escrito por Alicia González.

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