domingo, 2 de junio de 2013

Madres


   -Marta, cielo, ¿puedes llegarte a por el pan? -dice su madre.
   Marta se limita a mirarla elevando las cejas, con gesto de incredulidad.
   -Vale cariño, no hace falta, ya voy yo...
   -Sí, mejor.
   Marta sigue mirando la televisión.
   -¡Ah, Marta! ¡Se me olvidaba! Hoy vamos a comer con un compañero de trabajo de tu padre y su mujer. También vendrán sus hijas, que tienen las dos la misma edad que tú. Estoy segura que...
   -Mamá -interrumpe Marta-, ya he quedado.
   La madre de Marta pestañea.
   -Pero cariño, ya saliste ayer.
   -Sí, y hoy también te he dicho.
   -¿No podrías dejarlo para otro día? A tu padre y a mi nos...
   -Mamá, te he dicho que no, ya está.
   La madre de Marta se muerde el labio para disimular el temblor. Tiene muchas arrugas en la frente, y también a cada lado de la boca. Parece diez años mayor, cuando en realidad sólo tiene 33 años, con una hija de 16. Se quedó embarazada muy joven, pero quiso tener a su pequeña, para que ahora la trate así... todas las oportunidades que ha perdido en su vida...



   -Paula, ¿puedes ayudarme a levantarme? -dice su padre.
   -Sí, voy.
   -Ay, Paulita... ¿qué haría yo sin ti?
   -Pues nada papá, pues nada.
   El padre de Paula se ríe y la despeina con la mano. Cada vez se parece más a su madre...
   -Tengo una sorpresa para ti.
   -¿Una sorpresa?
   -Sí, para que no estés triste por mamá.
   -Pero, ¿qué sorpresa?
   -Si te lo digo deja de ser sorpresa -dice poniéndose su chaqueta-. Tráeme las llaves del coche, ¿quieres?
   -Papá, no estás en condiciones de ir a ningún lado...
   -Tonterías.
   Paula y su padre pasaron el día en el que había sido el restaurante favorito de su madre, hacía ya 4 años de su muerte, y su padre, aunque cada vez le costaba más levantarse de la cama, la llevaba allí a comer para que no estuviera triste, con tal de verla contenta...


Escrito por Alicia González.

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