sábado, 8 de junio de 2013

Como nacer de nuevo


Cada uno tiene sus creencias. Yo creo que todos tenemos una vida pasada, pero que ninguno recordamos cuál fue. También creo que en algunos casos es posible traer de nuevo a la memoria vivencias y recuerdos de aquella otra vida, de aquel otro ser que en un tiempo fuimos.
¿Imaginas que en el pasado hayas pertenecido a la realeza? ¿Podrías haber sido una persona famosa en tu antigua vida? ¿Fuiste una persona, o tal vez un animal? En ese caso, ¿un animal terrestre, acuático...? ¿Podías volar en tu otra vida? ¿Fuiste hombre o mujer?
Seguramente te parecerá un estupidez esto que te estoy contando, pero tengo mis motivos, y te puedo asegurar que es la pura verdad. Yo misma he experimentado esa sensación, la sensación de recordar cosas que nunca antes has vivido, o que puede que hayas vivido pero tú no lo recuerdes. No hablo de deja vu, ni nada por el estilo. Hablo de auténticos recuerdos. Cosas que ya han pasado.
Por ejemplo, el otro día me encontraba yo con mis amigos en la plaza, sentados en los bancos situados en frente de la iglesia de estilo gótico que tanto fascinaba a Julián. Él fue quien me habló de todo esto de la reencarnación. Me contó que aquella iglesia llevaba allí varios siglos, y que él solía acudir a menudo a sus misas. Me explicó que hace muchísimo tiempo, en su vida pasada, él fue católico practicante, y que en esa misma iglesia se casó con Ana, la cual fue su esposa durante varios años, hasta que falleció debido a un terrible accidente, pues murió al caerse desde lo más alto de un campanario, y entonces él solo se hizo cargo de sus cuatro hijos, y logró sacar su familia adelante. Me contó que su nombre verdadero no era Julián, pero que no recordaba cuál era. Le comenté, entonces, que a veces me venían imágenes a la cabeza, imágenes de lugares en los que nunca había estado o de personas que no conocía, pero que de algún modo, sabía que eran reales. Él me sonrió.
- Eso es que estás empezando a recordar.- Me dijo.

Por fin llegaron las vacaciones, y así pude pasar más tiempo con Julián, aprendiendo mucho más sobre este tema que tan cautivada me tenía.
- ¿Qué puedo hacer para recordar más cosas sobre mi otra vida?- Le pregunté. Él se encogió de hombros.
- No sé.- Me contestó.- No todo el mundo es capaz de recordar, y mucho menos recordarlo todo. Cada uno tiene sus límites. Yo, por ejemplo, no soy capaz de recordar ningún nombre, excepto el de mi mujer, Ana. No recuerdo el de mis hijos, ni si quiera el mio propio... Sin embargo, recuerdo perfectamente sus caras, sus voces, recuerdo con claridad dónde vivíamos, y a veces recuerdo vagamente momentos exactos que sucedieron en aquel tiempo.- Cualquiera que no crea en esto que os estoy contando, seguramente pensará que estamos locos, que deberían encerrarnos en un manicomio, que todo esto no es más que fruto de nuestra imaginación y que nos lo hemos inventado todo. Pero, dejadme deciros una cosa, ¿no sentís a veces, como que no sois vosotros? ¿Os sentís diferentes, raros sin ningún motivo? ¿Veis a alguien, o algo que os resulta familiar, pero no sabéis de qué? Pues bien, pensad lo que queráis, pero yo creo que todo eso no es otra cosa mas que recuerdos de una vida pasada.
  
Aquella misma noche tuve un sueño, un sueño rarísimo.
Era yo, subida a una torre altísima, casi podía rozar las nubes con mis dedos. Entonces miré hacia abajo, y sentí cómo estaba apunto de caer. Miedo, mareo, una sensación de vértigo que jamás antes había sentido. Yo no le tenía miedo a las alturas, ¿acaso en mi vida anterior sí? Aquella sensación era horrible. Sufrimiento. Agobio. Desesperación.
- ¡Me quiero bajar! ¡Me quiero bajar! ¡Que alguien me ayude! ¡Quiero bajar!- Gritaba. Pero nadie me oía. Y entonces lo vi, a lo lejos. Julián. Tenía algo extraño en su mirada. Y su sonrisa, ya no era cálida y amistosa como siempre. - ¡Julián! ¡Julián, ayuda!- No parecía escucharme.- ¡Marco! ¡Marco, ayúdame, por favor!- Grité de repente. Aún no sé bien por qué. Julián se acercó poco a poco, al escuchar aquel nombre, y con una expresión, ahora de cariño en su rostro, subió, y me ayudo a bajar de la torre.Una vez abajo, me abrazó fuerte, pero dulcemente.
- Te he echado de menos, Ana.- Dijo. Y entonces desperté.

Al día siguiente Julián me llamó, diciendo que tenía una sorpresa para mí. Sonaba muy excitado, por lo que supuse que sería algo importante.
Quedamos a las cuatro de la tarde en la plaza, y juntos caminamos hacia el cementerio del pueblo. Estaba divido en dos partes, la parte vieja y la nueva, que fue construida hace unos 50 años. Nos detuvimos casi al final de la parte vieja.

-¿Por qué me has traído aquí?- Estaba un poco preocupada. Durante este tiempo había llegado a pensar que entre Julián y yo podría haber algo, algo más que amistad, pero este era un lugar muy extraño para una primera cita.
-Shhh.- Dijo.- Observa.- Entonces señaló en dirección a una tumba. -Lee la inscripción.- Me costó un poco, ya que era una lápida muy, muy antigua, consumida por el polvo, la mugre, y el tiempo. Pero entonces, tras concentrarme mucho, leí, sorprendida, en voz alta:

Aquí yace Ana de la Villa”
Nuestro amor es eterno, volveremos a encontrarnos”
   -Marco.

Entonces comprendí, y varias lágrimas brotaron de mis ojos para recorrerme las mejillas. Julián se acercó por detrás, él también estaba llorando, llorando de alegría.
- Un amor así no podía acabar de esa manera. Te dije que nos volveríamos a encontrar.- Y acto seguido me abrazó. No sé cuánto tiempo estuvimos así, los dos quietos, llorando y abrazándonos en aquel viejo cementerio, pero lo que sí sé es que a partir de ese momento, nada volvió a ser como antes. Era como nacer de nuevo, había comenzado mi nueva vida...


Por Ellen Hamon :)





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