viernes, 28 de junio de 2013

Amy

  
 Lo notó desde la primera vez que entró en la casa en la que pasaría los fines de semana.
   Sus padres se habían separado, y ahora tenían custodia compartida, por lo que entre semana Amy viviría con su madre y seguiría yendo al mismo instituto y los fines de semana los pasaría con su padres y su nueva novia, Jane, la cual tenía la mitad de años que su padre.
   -¡Amy! ¡Hola cariño! ¿Qué tal el viaje? ¿Muy largo verdad? -dijo Jane para abrazarla- Espero que vengas con hambre. Tu padre me chivó cual era tu comida favorita, y he estado haciéndola durante toda la mañana para ti. ¡Pasa! ¡No te cortes! ¡Como si estuvieras en tu casa!
   Amy intentaba llevarse bien con Jane, pero a veces era realmente insoportable. Se limitaba a hablar y a hablar todo el rato. Realmente, no sabía que había visto su padre en Jane para abandonar a su madre. No es que le guardará rencor, Amy era lo suficientemente mayor y madura para saber que los matrimonios no siempre salen bien, pero, ¿qué tenía Jane que no tuviera su madre?
   Mientras Amy reflexionaba sobre sus padres y Jane hablaba y hablaba mientras la llevaba a su habitación, notó una mano en su hombro, pero al girarse no había nadie. Bah, serían imaginaciones suyas...
   -Bueno, ¿qué te parece? -preguntó Jane cuando entraron en el que sería el cuarto de Amy- Ayer estuve limpiándolo y arreglando una par de cosas. No debería decirlo yo, pero puedo llegar a ser toda una manitas, ¿quién lo diría?
   Dijo todo esto entre sonrisas y carcajadas, pero a Amy no le salían más que muecas en sus intentos por sonreír.
   -Está muy bien, gracias -se limitó a contestar ella.
   -De nada, cariño. Como si estuvieras en tu casa -repitió Jane antes de despeinarle con la mano y salir de la habitación.
   Amy respiró profundamente antes de peinarse el pelo con las manos y sentarse en la cama. Odiaba que le llamara “cariño”, y tampoco le hizo mucha gracia que le tocara el pelo, no la conocía más que de dos o tres semanas.
   Se quedó mirando su habitación, realmente satisfecha. Para su sorpresa, Jane tenía muy buen gusto. Las paredes estaban pintadas de azul claro con detalles de flores de distintos tonos de azules, algunas blancas. Había un escritorio con un portátil en una esquina del cuarto, dos puertas que debían ser el cuarto de baño y un vestidor para ella sola, una estantería para poner algunos libros y una cama de matrimonio para ella sola. También había una ventana que daba a la piscina. Desde luego, no se podía quejar...
   La casa era realmente grande, de dos pisos, con piscina, cuartos gigantes y cuarto de baño en cada uno de ellos.
   Amy colocó la ropa que había traído de casa en el gran vestidor y echó un vistazo a los libros que había en la estantería. Su padre sabía lo mucho que le gustaba la lectura, así que le había conseguido algunos libros, pero ni siquiera eso lograba alegrarla. Volvió a sentarse en la cama y a observar todo el cuarto. No podía dejar de preguntarse por qué se habían separado sus padres. ¿Era su culpa? Había ido todo tan rápido... en dos meses, cada uno iba por su lado.
   Amy intentó dejar de pensar en eso y decidió bajar ya a comer. En el comedor la esperaban su padre y el hijo de Jane, Arthur. Arthur era sólo un año mayor que Amy, pero la trataba como si fuera una niña pequeña. Cuando entró ni se molestó en mirarla, estaba demasiado concentrado en su móvil, al cual no dejaba de teclear, por lo que se oía un molesto “tic-tic-tic” todo el rato que al parecer no le molestaba más que a ella.
   -Hola, Amy -le dijo su padre sonriendo-. ¿Qué tal todo? ¿Te gusta tu cuarto?
   A Amy le encantaba ver a su padre últimamente. Intentaba negárselo, pero desde que se divorció y le presentó a Jane le brillaban más los ojos y la sonrisa cuando hablaba.
   -Bien, está realmente bien -contestó Amy mientras se sentaba a la silla que daba al lado de su padre, quedando frente a frente con Arthur.
   -¿Qué tal tu madre? Me hubiera gustado hablar con ella, pero ya sabes, tenía que trabajar...
   -Bien. Este fin de semana va a pasarlo en casa de la tía Annie.
   -Me alegro mucho -dijo apretándole la mano.
   Jane entró en el comedor con los platos de comida. Amy no pudo evitar ponerse algo triste al ver lo contento que estaba su padre al verla, a ella le gustaría que sonriera así cuando viera a su madre, no a Jane...
   Notó una mano rozando en la mejilla y no pudo evitar sobresaltarse. Estaba convencida de que no habían sido imaginaciones suyas.
   -¿Amy? ¿Pasa algo? -preguntó su padre.
   -¿Eh?
   Entonces Amy se fijó en que todos la miraban; su padre con gesto de preocupación, Jane elevando las cejas con la cabeza ladeada, curiosa, y Arthur como si estuviera loca.

   -No, nada -dijo Amy sonriendo mientras notaba como se ponía roja.


Escrito por Alicia González.

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