domingo, 12 de mayo de 2013

Equilibrio



   Iba tarde a algún lado, no recuerdo dónde, me olvidé de eso en cuanto vi a la chica llorar en el banco. Por ese entonces yo tendría unos 16 años, la chica parecía un par de años más joven. En realidad, a mi no se me daban muy bien las chicas, en cuanto tenía que dirigirle la palabra a alguna empezaba a tartamudear, por horrorosa que fuera. Pero esa chica... no sé, sentía que no podía dejarla allí llorando, así que me acerqué a ella y me senté en el banco a su lado.
   La chica levantó la vista para mirarme. Tenía unos bonitos ojos marrones, grandes, el pelo rubio y la cara llena de pecas.
   -¿Por qué lloras? -le pregunté. Me sentí orgulloso de mi mismo por no haber tartamudeado con aquella chica.
   Ella se encogió de hombros y miró al suelo.
   -Hoy no ha sido un buen día... bueno, y tampoco los anteriores. Una mala racha.
   La chica se quedó en silencio, y yo empecé a pensar que la estaba aburriendo. ¿En qué estaba pensando al acercarme a hablar con ella?
   Sin saber de dónde, me vino la inspiración.
   -¿C-cómo...? -tosí e intenté volver a hablar sin tartamudear- ¿Cómo te llamas?
   -Laura.
   -Laura, ¿quieres saber mi teoría?
   Laura levantó la vista del suelo y elevó las cejas.
   -¿Tu teoría?
   -Sí, mi teoría sobre la vida.
   Ella se volvió a encoger de hombros, pero esta vez en vez de mirar al suelo se giró más hacia mi y prestó atención a lo que le decía.
   -¿Sabes eso de “el sol viene detrás de la tormenta”?
   Ella asintió.
   -Bueno, yo creo que es verdad. Creo que si a alguien le pasa algo bueno, es porque le ha pasado antes algo malo, o le pasará. ¿Entiendes lo que quiero decir?
   -No muy bien...
   -Vale, escucha -le dije-. Es como un equilibrio. Algo bueno, algo malo. Si te pasa algo bueno, te va a pasar algo malo. Si te pasa algo malo, te va a pasar algo bueno. Si llevas unos cuantos días malos, tranquila, tendrás unos cuantos días buenos. ¿Entiendes ya lo que quiero decir?
   Laura asintió y se me quedó mirando sin decir nada.
   -Pues eso -le dije-, ahora tendrás una buena racha.
   Laura me sonrió y me dijo:
   -Estás como una cabra.
   Yo me encogí de hombros y me reí.
   -¿Cómo te llamas tú? -me preguntó.
   No sé por qué, pero sabía que ese momento marcaría mi vida.
   -Pedro -le dije-, me llamo Pedro.


Escrito por Alicia González, para Ellen Hamon.

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