martes, 28 de mayo de 2013

El poema

   -¡Aquí está! -dijo Nina sonriendo.
   -¿Me vas a decir ya qué estás buscando? -preguntó Leo.
   -No -dijo Nina riendo-. Ven aquí.
   Leo se levantó de la cama de Nina y ésta lo guió de la mano hasta el diminuto sofá que ocupaba una de las paredes de su diminuta habitación.
   -¿Estás cómodo?
   -Sí -dijo Leo impaciente-, ¿me lo vas a decir ya o no?
   -Lo bueno se hace esperar.
   Leo se rió y se acomodó en el sofá.
   -A saber con qué me sorprendes esta vez...
   Nina cogió la silla del escritorio y se sentó en frente de Leo. Lo observó sin decir nada. Leo parecía mirar a través de ella, a algún punto invisible. A veces le gustaría que pudiera verla, y que le gustara lo que viera, pero eso era imposible.
   Leo se había quedado ciego cuando tenía 6 años.
   -¿Qué estás haciendo? No oigo nada -preguntó Leo.
   -Te estoy mirando.
   Las pálidas mejillas de Leo se tiñeron de un tierno color rojo.
   -No es justo -dijo él.
   -Pero es lo que hay -contestó ella.
   -Ya, bueno.
   Leo extendió la mano hacía Nina. No era la primera vez que lo hacía, así que ella ya sabía lo que quería hacer. Le cogió la mano y se la puso en la mejilla.
   Leo tocó su cara, como tantas veces había hecho ya. Primero sus mejillas, la línea de su mandíbula, hasta la barbilla. Subió hasta sus labios, le acarició la nariz con la suya y apoyó su frente en la de Nina con los ojos cerrados.
   Nina le dio un beso en la mejilla y se levantó de la silla para acomodarse junto a él en el diminuto sofá.
   -Allá va, ¿eh? Atento.
   -Sí, señora.
<<Novia del campo, amapola,
que estás abierta en el trigo;
ampolita, amapola,
¿te quieres casar conmigo?
Te daré toda mi alma,
tendrás agua y tendrás pan.
Te daré toda mi alma,
toda mi alma de galán.
Tendrás una casa pobre,
yo te querré como un niño,
tendrás una casa pobre
llena de sol y cariño.
Yo te labraré tu campo,
tú irás por agua a la fuente,
yo te regaré tu campo
con el sudor de mi frente.
Amapola del camino,
roja como un corazón,
yo te haré cantar al son
de la rueda del molino;
yo te haré cantar, y al son
de la rueda dolorida
te abriré mi corazón,
¡amapola de mi vida!
Novia del campo, amapola,
que estás abierta en el trigo;
ampolita, amapola,
¿te quieres casar conmigo?>>

   Leo se quedó en silencio mientras acariciaba la mano de Nina. Ésta le miraba, esperando su reacción.
   -Ya ha terminado, ¿eh? -dijo Nina.
   Leo asintió lentamente.
   -¿Y bien? -volvió a hablar Nina.
   -No sabía que te gustase la poesía -se limitó a contestar él.
   -Es un libro que leía en el colegio de pequeña, de la biblioteca de allí -explicó ella encogiéndose de hombros-. Es de Juan Ramón Jiménez. Me gustaba, y aún me gusta. ¿Te gusta a ti?
   Leo asintió sonriendo.
   -Está muy bien. ¿Puedes leerlo otra vez?
   -Allá va.





Escrito por Alicia González.




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