martes, 7 de mayo de 2013

La espera de Clara


   Clara se sentó en el banco de siempre mientras sacaba una botella de coca cola de su mochila. Había un par de niños jugando en los columpios, un gato callejero corriendo tras un ratón, chicos de su edad jugando al fútbol y sin quitarle la vista de encima, madres charlando mientras que vigilaban de lejos a sus hijos, un bebé llorando, etc.
   Todos los días se sentaba allí, desde las 6 hasta las 9, cómo había hecho hace tantos años con Lucía. Ella y Clara siempre habían sido amigas, sus madres también, y vivían las dos en los pisos blancos que rodeaban el parque. Todos los días, desde que tenían 10 años, quedaban en aquel banco para hablar, leer, pintar, reír, etc. Años después, las dos amigas seguían siendo inseparables, sin faltar nunca a su cita.
   Uno de esos días, Lucía le dijo a Clara que la esperase allí, que tenía que hacer un recado a su madre. Esa fue la última vez que la vio. De camino a hacer el recado que le había mandado su madre, un conductor borracho no vio a Lucía cruzar la calle, y con tan sólo 13 años falleció.
   Cinco años más tarde de la muerte de Lucía, Clara seguía acudiendo puntual a su cita, esperándola. A Clara le gustaba pensar que algún día Lucía volvería por el mismo sitio por el que se fue, le diría que ya estaba de vuelta, se sentaría a su lado y volverían a hablar de cualquier cosa y a reír como siempre.


Escrito por Alicia González.

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