domingo, 14 de abril de 2013

Nota, dolor


   
De nuevo, Laura había sacado una mala nota. Bueno, en realidad, su nota era un 7, pero sabía que eso no sería suficiente para sus padres. Apuntó el 7 en su agenda e intentó no pensar en lo que vendría luego, algo que tantas veces había experimentado por cualquier pequeño fallo.
   Cuando llegó a casa subió a su habitación y dejó allí su mochila y su chaqueta, luego bajó y saludó a su madre.
   -¿Qué tal el día, cariño? -dijo su madre mirándola.
   Se secaba las manos con un pañuelo mientras le sonreía con cariño. Hacía tiempo que había dejado de verla como una amiga, como una aliada.
   -Bien, mamá.
   Laura pensó que quizá se le había olvidado el examen que había tenido una semana atrás, bueno, más bien intentó engañarse a sí misma diciéndose que se le habría olvidado a su madre, pero ella sabía que no sería así, a ella nunca se le olvidaba eso.
   Y llegó la pregunta.
   -¿Te han dado ya la nota de tu examen? -dijo poniendo un plato de sopa delante de Laura.
   Laura asintió y empezó a comer. Podía haberle mentido claro, pero eso sólo hubiera empeorado las cosas. Su madre esperó a que contestara, pero como no hablaba hizo otra pregunta:
   -¿Y bien?
   Laura la observó. Su madre antes era preciosa, realmente guapa, pero cada año tenía más arrugas, a veces había días en los que parecía diez años mayor de lo que realmente era.
   -He sacado un siete -contestó finalmente Laura.
   Su madre dejó el pañuelo en el fregadero y se sentó frente a ella.
   -Sabes lo que eso significa, ¿verdad? -Laura asintió- Ya hablaremos cuando venga tu padre.
   Odiaba cuando decía eso. ¿Por qué tenía que ser él que decidiera todo? ¿Ella no tenía un mínimo de autoridad en aquella casa? ¿Por qué no se lo ocultaba? Total, para el tiempo que pasaba su padre en casa, no sería muy difícil callárselo.
   La madre de Laura se fue a su cuarto y no salió hasta que por la noche su padre llamó al timbre de casa, entonces salió y le abrió.
   -¡Hola, cariño! -saludó ella.
   Olía a alcohol, otra vez. El marido la apartó y se dirigió al sofá a ver la tele.
   -Cariño... hay malas noticias.
   El padre de Laura la miró entonces.
   -¿Qué pasa?
   -Laura ha sacado un siete.

   Un par de horas más tarde Laura se metía en su cuarto y se tumbaba en la cama. Tenía moratón en el brazo, allí donde su padre la había agarrado tan fuerte, y le sangraba la nariz. También le dolía el estómago, pero ella resistía bien el dolor, llevaba años soportándolo.
   Laura se metió en su pequeño cuarto de baño, se limpió la sangre que salía por su nariz y se metió en la cama. Allí era donde se desahogaba, pues se negaba a llorar frente a su madre y a su padre. Este era un día normal en su vida.
   Finalmente, se quedó dormida.


Escrito por Alicia González.

No hay comentarios:

Publicar un comentario