martes, 16 de abril de 2013

Julianna, parte 1

   Si te digo la verdad, nunca supe cuándo empezó todo, ¿fue la primera vez que le vi? ¿No fue cuando hablamos? Igual yo ya sabía antes de verle que me enamoraría algún día. El caso es que lo hice, aun sin saber cómo ni cuándo.
   La primera vez que le vi fue en la hora libre. Mi madre me había apuntado a gimnasia, pero de vez cuando, sin razón alguna, me escabullía. Ya tenía mi propio escondite, que en verdad no era un escondite si ahora mismo estás pensando en una guarida, una habitación o por el estilo. Cuando no iba a clase de gimnasia, daba la vuelta al instituto y me sentaba en uno de los bancos que había detrás de la cafetería, por allí nunca pasaba nadie, así que podía estar tranquila.
   El caso es que ese día no era de mis mejores. Por la mañana me había quedado dormida y llegado tarde a un examen importante, con las prisas también se me olvidó el desayuno en casa, y yo nunca como en la cafetería, y también algunas chicas de mi clase se habían burlado de mi en clase de mates. Pero claro, mi mal día no acababa ahí, por eso se dice mal día, no mala mañana ni mala tarde, un mal día completo.
   Saqué un libro de mi mochila para ponerme a leer como hacía siempre que me saltaba gimnasia y la lectura me absorbió. Tanta atención le estaba prestando al libro que no me di cuenta de que se me acercaba alguien hasta que lo tuve prácticamente en mis narices.
   -¿No deberías estar en clase? -dijo mi hermano.
   -Logan...
   -¿Se lo explicas después a mamá tú o lo hago yo? Vete a tu clase, Julianna.
   -Logan, eso no es justo, yo siempre te cubro cuando haces algo malo, y por el amor de Dios no me llames así -le contesté yo enfadada.
   -Vete a clase, Julianna.
   -No se lo dirás a mamá, ¿verdad?
   Logan se me quedó mirando. Éramos prácticamente iguales; pecas, ojos grandes y verdes, pelo castaño (aunque él corto y yo largo), ambos altos y delgados.
   Entonces reparé en el chico que estaba a su lado. Era aun más alto que mi hermano, con los ojos y el pelo negro y piel bronceada. Llevaba una camiseta roja con publicidad de un supermercado. Cuando se dio cuenta de que le estaba observando me sonrió y yo aparté la vista y la volví a dirigir a mi hermano.
   -Además, ¿no tendrías que estar ahora en clase tú también?
   -Es diferente, Juli.
   -Y una mierda diferente, no se te ocurra tratarme a mi de cría como si tú fueras todo un adulto.
   Nos quedamos mirándonos el uno al otro sin decir nada hasta que yo hablé de nuevo.
   -Mira, yo no digo nada, tú tampoco, yo me quedo aquí y tú te vas adonde te dé la gana con tu amigo, y todos contentos. ¿Te parece?
   Logan se quedó mirándome un rato más y se fue con el chico que había visto antes.
   Sí, ahí fue la primera vez que lo vi. Bueno, en realidad fue más bien la primera vez que me fijé en él, pero aun así no le presté mucha atención. Era mono, pero tampoco nada del otro mundo, nada que me fuera a llamar la atención. Eso suena un poco superficial, pero, ¿acaso no es verdad? Ni que fuera yo la única que se fijara en chicos guapo vaya...
   Cada vez veía más a ese chico, ya que cada vez mi hermano y él eran más amigos. Empezó a venir a casa a menudo, él y mi hermano me echaban del salón para jugar con sus vídeo juegos, ya sabes, cosas de chicos. Me enteré de que se llamaba Owen, que jugaba al fútbol en el mismo equipo que mi hermano por las tardes y, claro está, también le gustaban los videojuegos. Mi hermano y él se llevaban bastante bien, lo cual me daba un poco de envidia, lo admito. Pero no os confundáis, ya os he dicho que hasta que no pasó tiempo no empezó a llamarme la atención. Mi envidia se debía a que yo siempre había querido una amiga con la que hacer cosas de chicas, y mi hermano siempre había tenido un amigo con el que hacer cosas de chicos. En eso éramos muy diferentes, él atraía a la gente, caía bien desde el primer momento, era fácil confiar en él, en cambio a mi me costaba hablar con la gente, y mucho más hacer amigos.


Escrito por Alicia González.

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