viernes, 19 de abril de 2013

Julianna, parte 3

   Bueno... no sé cómo empezar a contar esto.
   Mi hermano no se juntaba con cosas demasiado aconsejables. Por eso en parte no le había prestado mucha atención a Owen que se diga, pensé que sería como él. El caso es que mi hermano había tenido varios problemas anteriormente con la policía, en los que se había salvado por los pelos, pero aun así no aprendió la lección.
   Un día la policía llamó a casa porque al parecer mi hermano había tenido un accidente con el coche mientras conducía borracho. Cuando mi madre y yo llegamos al hospital nos encontramos con Owen. Él tenía un corte cosido por encima de la ceja bastante largo y un moratón en la sien.
   -¿Qué ha pasado? -le preguntó mi madre.
   -Ha conducido borracho.
   -¿Ibas con él? -le dije yo.
   -Sí.
   Igual creéis que esta es alguna escena de película en la que nos consolamos mutuamente, pasamos mucho tiempo juntos, hablamos mucho durante el tiempo de recuperación de mi hermano, acabamos saliendo y bla bla bla. Siento decepcionaros, pero en ese momento puedo aseguraros que no pensaba de manera romántica en él.
   -¿Y por qué le dejaste conducir? -dije frunciendo el ceño.
   Él me miró sorprendido ante mi tono de voz.
   -Yo iba peor que él, ¿cómo querías que volviéramos a casa?
   -Mmm, ¿con un taxi?
   -¿Cómo íbamos a dejar el coche allí?
   -Pues... ¿dejándolo allí donde estuvierais y yendo a por él en taxi cuando estuvierais sobrios, tal vez?
   -Oye, no pagues tu mal humor contigo, yo no tengo la culpa de que hayamos tenido el accidente, y a mi también me preocupa tu hermano.
   -Sí, se ve lo que te preocupa mi hermano cuando le dejas conducir borracho. Tengo toda la razón del mundo cuando digo que tienes la culpa.
   -¡He sido tan inconsciente como lo ha sido tu hermano!
   -¡Lo que has sido es un gilipollas!
   -¡Eh! ¡Se acabó! -dijo mi madre- ¡A callar los dos ya! ¡Ahora mismo os quiero a cada uno en silencio en puntas opuestas de la sala! ¡Y sin armar más jaleo!
   Owen y yo nos quedamos mirándonos. Se le había puesto la cara roja con la discusión, y su moratón contrastaba aún más contra su piel.
   ¿Veis a lo que me refería cuando os aseguré que no pensaba en él de una manera romántica?


Escrito por Alicia González.

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