jueves, 11 de abril de 2013

Teclado, amigo


    Jordi nunca había sido bueno en nada. No se le daban bien los deportes, no sacaba buenas notas, no tenía amigos, tenía unos padres que estaban siempre demasiado ocupados para prestarle atención, etc.
   Él siempre se había sentido sólo, ya que siempre lo había estado. Pasaban los años y Jordi seguía igual, nada le hacía querer ser mejor, había desistido hacía tiempo de intentar hacer algún amigo. Entonces, un día caminando por la calle, lo escuchó. Al principio eran algunas notas sueltas, apenas un susurro, poco a poco se fue formando una melodía. Jordi dejó de andar, cerró los ojos y se dedicó a escuchar. Nunca había oído nada tan dulce. ¿De dónde provenía aquello? Jordi, sin abrir los ojos, empezó a moverse hacia donde sus oídos le decían que estaba aquella melodía. 
   Cuando abrió los ojos, Jordi se encontró en frente de una puerta. Oía la melodía con tanta claridad... Llamó a la puerta con los nudillos, un par de toques, y enseguida la melodía se interrumpió. Unos segundos después, un joven le abría la puerta a Jordi.
   -¿Querías algo chico? -le preguntó el joven a Jordi.
   Jordi se quedó en blanco, ¿qué podía decir ahora? ¿Que había llamado porque había escuchado la música? ¿Cómo se le había ocurrido llegar allí?
   -¿Quieres pasar? -preguntó de nuevo el chico.
   Jordi asintió sin decir nada y pasó al interior de la casa. No había nada de lujo en aquella casa, un par de muebles en un pequeño salón, un par de ventanas,... y un piano. Tenía la tapa abierta.
   -¿Sabes tocar? -le preguntó el joven a Jordi.
   -No -habló él por primera vez.
   -¿Te gustaría?
   Jordi asintió lentamente sin apartar la vista del piano.
   El chico se llamaba Pablo. Se había dedicado a tocar el piano prácticamente toda su vida. Esa tarde, Jordi conoció al primer amigo que había tenido en toda su triste vida. Además de eso aprendió a tocar el piano claro, el propio Pablo le enseñó. Jordi se compró un teclado barato y con él practicaba siempre que podía todas las partituras que le daba Pablo, incluso empezó a improvisar pequeñas melodías, hasta que fue capaz de tocar la que le había llevado hasta Pablo.
   Jordi estudió en el conservatorio, era el mejor de todos los alumnos que había allí, el que más amaba la música, el que más estudiaba y el que más disfrutaba. Acabó siendo un conocido profesor, y aunque tuvo la posibilidad de ser un músico famoso, él no quería la fama, él sólo quería tocar por amor a la música, por disfrute, por nada más que eso. Pablo y el siguieron siendo amigos durante muchísimos años, y Jordi nunca más volvió a sentirse solo ni desdichado. ¿Qué hubiera sido de él si no hubiera escuchado aquella melodía?


Escrito por Alicia González.

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