lunes, 22 de abril de 2013

El loco

   Todos conocíamos al loco del pueblo. Bueno, eso es lo que tienen los pueblos, que todos sabemos todo de todos.
   El loco siempre llevaba las mismas sandalias y bata, barbas larguísimas y ojos tristes. En realidad no había hecho nada fuera de lo normal como para tacharlo de loco, pero la gente ya le había puesto la etiqueta porque no era una persona sociable, en muy pocas ocasiones salía de casa.
   Un día llegó una mujer al pueblo. Llevaba tacones, una falda y una chaqueta, el pelo perfectamente peinado y una gran sonrisa en la cara. Todos los jóvenes se quedaban mirándola al pasar, algunos incluso hicieron algún intento de entablar conversación con ella, pero la mujer siempre decía que llegaba tarde a algún sitio.
   ¿Hacía dónde se dirigía la mujer? A la casa del loco. El loco la dejó pasar y, unas horas más tardes, salieron de allí una dama y un caballero.
   ¿Qué es lo que le pensaba al loco? No, no tenía mal la cabeza como todos pensaban, sino que tenía mal el corazón.
   El loco dejó sus sandalias y bata, barba y mirada triste en el pueblo y vivió una vida llena de amor y felicidad.



Escrito por Alicia González.

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