domingo, 31 de marzo de 2013

Alicia

   Alicia se había cansado de su mundo. Bueno, al principio estuvo bastante bien eso de que todo y todos fueran abstractos, pero con el tiempo se convirtió en una monótona rutina para ella. Todos allí la conocían, no podía hacer nada sin que se enterase todo el país, ni salir con chicos, ni beber alcohol, etc., nada.
   Estaba tan harta de todo aquello que decidió irse y empezar de cero en otro lugar. Así que una mañana hizo su equipaje y se metió por el agujero del árbol en el que había llegado hasta allí.
   No quiso volver a casa, ¿el por qué? Cómo ya he dicho antes, Alicia quería empezar de nuevo, alejarse de todo lo que conocía ya, aprender, conocer a gente nueva..., además que ella había estado nada más y nada menos que en un cuento, así que en su ciudad también la conocían todos, y no quería que la fueran señalando allá por donde fuera, así que decidió irse a vivir a España, nada más y nada menos que a la capital. En una ciudad tan grande y tan lejos de su casa como Madrid nadie la reconocería.
   Alicia no tenía ningún problema con el idioma, ya que lo había estudiado hasta aprenderlo a la perfección con su hermana en casa. Vio que su vestido azul y su pelo rubio recogido con horquillas no eran muy apropiados allí, así que compró ropa en una tienda y se cambió en una cafetería. Al salir lucía unos vaqueros ajustados, unas botas con tacón, una camiseta y una chaqueta que le llegaba por las rodillas. Se había soltado y peinado su larga cabellera y le había pedido prestado el rímel a una chica que se encontraba en el baño. Ahora sí que nadie la reconocería.
   Después del cambio de look, Alicia salió de la cafetería y entabló conversación con un español. Como mencioné antes, para ella no suponía ninguna dificultad hablarlo, lo sabía a la perfección, parecía una auténtica española.
   Por la noche el chico con el que estaba hablando la invitó a cenar a un restaurante italiano y la acompañó hasta el mejor hotel que conocía, el chico había resultado ser un millonario que había caído a sus pies nada más verla. El joven millonario se ofreció a pagarle la habitación en el hotel.
   -¿A nombre de quién? -preguntó el recepcionista.
   -Alicia.
   -¿En el país de las maravillas? -preguntó con una sonrisa.
   Alicia le miró sorprendida, ¿cómo había podido reconocerla aquel hombre?




Escrito por Alicia González.

1 comentario:

  1. Me gusta el mensaje que transmites con tu relato ^^ A veces para ser felices necesitamos un cambio radical que haga que todo sea distinto.
    ¡Besitos!

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